Un tipo improvisador de símbolos, derrotado y sudoroso bajo la gabardina excéntrica en la esquina de la última mesa del festival, aparentando a un espantapájaros en la cortina de bugambilias.
Que mundos tan distintos se gestan en los centros de mesa, en la de al lado: los alegres, los parlantes, los bohemios.
Los ebrios de visiones entre el alcohol recurrente, el siempre puntual invitado, riéndose de cada fonema, morfema, de cada usual mueca.
Quiero sentirme sólo en compañía de los ajenos, para al volver a mi morada y estar realmente sólo, pueda distinguir entre la soledad de ellos y la mía.


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